XVI Carrera Solidaria Popular Grutear – Crónica

grutear

Este domingo 13 de noviembre, con motivo del día mundial sin alcohol que se celebra el 15 de noviembre, ha tenido lugar una carrera solidaria que ha creado GRUTEAR, un Grupo de Terapia Antiadicciones Rehabilitadora. La competición tenía un recorrido llano por el centro de la ciudad de Alcalá de Henares, pasando por los monumentos más emblemáticos de la ciudad Patrimonio de la Humanidad. A las 10h en la plaza Cervantes era la cita. Esta era la Edición XVI de la carrera popular de GRUTEAR, la cual constaba de tres categorías diferentes: adulto, juvenil e infantil. Las dos últimas incluían hasta los 16 años, y la participación gratuita. La opción de adulto suponía un importe de 15 euros online o 20 en la carrera. Todo el dinero iría destinado a la organización que lleva desde 1994 ofreciendo un servicio gratuito a personas que tengan problemas de alcohol, tabaquismo, ludopatía o poli-consumo. No solo ayudan a las personas que tienen la adicción, sino también a los indirectamente afectados: familiares y amigos. El tratamiento, la rehabilitación y la integración son sus principales objetivos.

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La meta es no rendirse

Ya estaban todos los corredores colocados para salir y a cinco minutos del inicio, sobre las 9:55, llegó él. Antonio Labalde no había encontrado aparcamiento fácilmente. “Yo es que vengo desde Daganzo y he venido con tiempo eh, pero estaba la cosa complicada. He tenido que aparcar… en la calle Santiago creo que se llama” – le explicaba al voluntario mientras este le entregaba el dorsal. El número 1226 llevaba en el abdomen, dio unos saltitos para ver si se le caía y este superó la prueba.

Había bastantes participantes, unos estiraban el cuello, otros se revisaban los cordones de las zapatillas, alguno que otro hablaba con sus familiares cerca de la valla, y los había que preferían hacer un par de cuclillas para calentar. De este último grupo era el chico joven que estaba en frente de Antonio, el cual en una de estas le empujó sin querer. Disculpándose rápidamente, entablaron una breve conversación en la que se presentaron y se estrecharon la mano. Antonio con una risa nerviosa le hablaba de las mallas amarillas que llevaba excusándose en que las negras estaban a lavar. El compañero, Jesús, preguntó a Antonio con naturalidad si corría por algún motivo o si era una maratón más. Antonio, tardó a penas un segundo en responder:

–     No no, yo soy ex alcohólico. A mí Grutear me ha ayudado mucho. Cuatro años y tres meses sin beber.

+   ¡Qué bien que lo hayas superado ya!

–      ¿Tú eres alcohólico?

+    Yo no, mi padre. Lo era pero nunca consiguió desengancharse del todo. Aun así

Grutear le hizo mejorar un montón, y al menos así los últimos años se podía hablar

con él casi siempre.

–    Lo siento mucho. – dijo Antonio bajando la cabeza. – Bueno, pero es muy importante que tú no hayas heredado ese vicio.

+    Sí, yo beber nunca. Ni me lo planteo.

–      Haces bien. Se convierte en tu peor enemigo, te arruina la vida. Yo casi tiro la mía por la borda. Menos mal que estaba Ainhoa, mi mujer – señala con la cabeza a una mujer con un gorro de lana beis y un carrito de bebé que estaba detrás de una valla. – No sé qué habría hecho sin ella.

Suena la bocina de salida. Se sonríen. Jesús le da cariñosamente en el hombro y Antonio le sonríe y le mira con agradecimiento.

Pasado un rato la carrera empezó a tomar forma, poco a poco se fue creando una hilera de corredores que se adelantaban unos a otros. En la calle Mayor dirección a la Plaza Cervantes los corredores llevaban un ritmo acelerado. Habían pasado ya todos, o eso parecía, cuando un señor mayor con una gorra dobló la esquina de la plaza de los Santos Niños. Por los soportales caminaba Ainhoa empujando el carrito, y al verle se detuvo y gritó: ¡Ánimo, no desista! El hombre no se inmutó, apenas mostró una pequeña sonrisa entre jadeos.

El recorrido continuaba por la calle Escritorios hasta llegar otra vez a la Plaza de los Santos Niños, para luego girar hacia la calle del Empecinado doblando la esquina de la Catedral Magistral. Frente a esta esperaba Ainhoa a que pasara Antonio mientras ojeaba un panfleto de publicidad de un coche. “¿Papá?”- preguntaba una voz desde el carrito. Ainhoa le contestaba que su padre estaba al llegar. De repente una nube cubrió el cielo, no había habido predicciones de lluvia pero eso nunca es seguro. En el número 19 de la calle Escritorios se asomó Toro Bravo, saliendo de su cueva repleta de cuadros y miró al cielo frunciendo el ceño. Olisqueó el ambiente, literalmente, y sonriendo volvió dentro. A su vez se cruzaba Antonio que, le lanzó un beso al carrito y incrementó la marcha a pesar de los cinco kilómetros que llevaba a sus espaldas.

Una vez estaba llegando a la calle Colegios, ya 7 kilómetros recorridos, Antonio no había bajado el ritmo. Adelantó a tres chicos a la altura de la Capilla del Oidor. Un policía que controlaba la zona le aplaudió y animó a los que se habían quedado atrás. Ainhoa, que lo avistó desde la plaza, susurró agachándose al carrito: “¡Mira ese es tu padre!”

A casi un kilómetro de la meta, en la plaza de San Diego todos llevaban el ritmo más bajo. Algunos iban andando, cuatro mujeres iban con camisetas del mismo color y habían corrido en grupo todo el tiempo. Unos viandantes estaban sentados en la terraza de El Hidalgo y al pasar los corredores les vitoreaban. Llevaban a cabo un brindis cuando pasó Antonio, a quien incluyeron tratando de decir “1226” tres veces seguidas. Tras esta aclamación, pegó un salto y meneando la cabeza al ritmo de sus pies, se embaló hasta la meta. Allí le esperaba su familia. Su mujer aplaudía emocionada. Cuando le vio llegar, se acercó a la línea de meta y sacó un móvil para capturar el momento. En la fotografía debió de salir también el señor mayor de la gorra que había empezado siendo el último, porque al llegar el final había ido dejando atrás a muchos que continuaron andando. Los voluntarios que esperaban en la meta le aplaudieron y comenzaron a gritar a coro: ¡Francisco, Francisco!. Al cruzar la línea fueron a su encuentro, algunos le preguntaron cómo se encontraba, cómo lo había conseguido.  Francisco dijo entre jadeos “lo importante es seguir pase lo que pase, no caer” riéndose les abrazaba “!Gracias chicos!”.

Antonio, ya en la fuente de la Plaza Cervantes, no había quedado primero ni tercero, sino más bien de los últimos, pero no dejaba de sonreír. Ainhoa se acercó y se abrazaron. Crónica,  atenta desde el principio, lo esatba viendo todo desde el Ayuntamiento y se acercó para poder verlo de cerca. Al pasar por su lado escuchó a Antonio decir “he sido capaz, esta vida es capaz gracias a ti”.

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Por: Lucía de Mariano

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