El cosechador de solidaridad

“No, lo siento, tengo muchas prisa”. “Gracias, pero ya soy socio de otra”. Frases que se oyen, probablemente, cada 5 minutos en las calles centrales de la capital. Cualquier madrileño sabe que existen una serie de arterias en las que andar de forma continuada se vuelve una tarea un poco complicada. A primera vista no es algo que resalte, pero si empiezas a fijarte te darás cuenta de la cantidad de gente que viste con petos de colores y porta en sus manos una carpeta. Acnur, Cruz Roja, Intermon Oxfam, Greenpeace,… y suma y sigue.

No todo el mundo sabe que esto no es un voluntariado como tal. Es un trabajo regulado, con un salario base y un horario de 4 horas que cumplir. No obstante, esto no quiere decir no que sea gente que ofrece su tiempo y esfuerzo por un bien común. El nombre que reciben es `captadores de ONG´ y su labor queda bastante clara, buscar socios o donantes que ayuden económicamente en sus campañas o sociedades.

Si hay un lugar donde este fenómeno en crecimiento es palpable es la calle Fuencarral. Una pequeña pausa en la repisa de uno de los grandes ventanales de una tienda. Allí, en una de las intersecciones de calles estaba Pablo, un joven de unos 25 años. Él es uno de tantos jóvenes que usan la calle como su oficina y despacho, puesto que lo componen barrios como el del Carmen, Preciados o la Puerta del Sol.

“Muchas veces solo les dices “Hola” y huyen de ti. No pedimos que se paren a hablar siempre, pero al menos podrían mirarnos, que somos personas”, dice Pablo. Él trabaja para Intermon y así lo refleja su chaleco. Si existe algún valor a resaltar de esta labor, ya no es solo la paciencia que deben tener los captadores, que es mucha, sino el nivel de compromiso. “Si realmente no estás a favor de la causa que intentas `vender´ no tiene sentido. Es un trabajo suficientemente duro como para hacerlo más complicado”.

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Durante la conversación uno de sus compañeros le hizo una señal. Entonces cada uno se puso en un lado de la calle y trataron de captar a un grupo de jóvenes que venían riendo. Dos se pararon mientras que el resto seguía su camino. Y fue precisamente esta la excusa usada por las chicas para marcharse. En un segundo intento, el compañero de Pablo, Miguel, recibió una respuesta distinta pero bastante frecuente. “Dejadme en paz ya, que sois unos pesados. Eres el cuarto que me para y no he andado más de media calle. Es que no dejáis a nadie pasear tranquilamente” vociferó una mujer. Parecía ser algo normal porque más allá de tres curiosos, nadie se paró a ver que sucedía. Y tras el inciso, Pablo volvió a la conversación. “Mucha gente se queja. Hay veces que, como somos cuatro compañeros, no nos damos cuenta y paramos a la misma persona dos veces. Entonces se enfadan”.

¿Realmente es importante esta labor? Desde el comienzo de la crisis las ayudas estatales percibidas por las ONG son mínimas, por lo cual la supervivencia de las mismas depende totalmente de la financiación por parte de colectivos o a título personal. “Tienes que poder enfrentarte a cualquier respuesta, incluso a cualquier pregunta. Por eso nos dan antes un pequeño cursillo donde nos explican todo. Muy poca gente se fía de las ONG y para generar confianza hay que dejar las cosas claras de forma rápida”.

El patrón es similar sean de la organización que sean. Gente extrovertida, sonriente y activa que trata de convencer para participar en una causa. Según un estudio de Cruz Roja, de cada veinte personas que se paran, solo una acaba asociándose. Si hacemos cálculos, un trabajador debe asociar a dos personas diariamente, lo cual quiere decir que paran mínimo a cuarenta. En cada equipo suelen ser cuatro miembros, lo cual suponen 160 personas interceptadas, y esto solo de una organización y de una sola calle.

“Lo importante es encontrar ese factor emocional, humano, que hay en cada persona. Solo cuando accedes a ese lado puedes convencer de nuestros valores al otro. Hay que estar preparado para todo y no hundirse con un `no´”. Y antes de marcharse de nuevo para volver con su labor, sonríe y comenta: “En esto también hay una parte bonita: cuando la gente se preocupa de verdad por lo que la ONG defiende, te das cuenta de que, a pesar de que luego no se asocien, están concienciados”.

Reanudada la marcha se vuelve más evidente la presencia de estos trabajadores, que suelen parecer invisibles hasta que te hablan. Mientras, muchos seguirán esquivándoles como si de una yincana se tratara y otros se pararán a escuchar, quizás molestos por el tiempo robado o quizás interesados en ayudar.

Por: Patricia González

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