Conoce a Plof

Hoy os traemos una de esas historias que son difíciles de creer. Una historia de superación y valentía, de ganas de vivir y sobre todo de mucho cariño. La esperanza fue lo que ayudó a nuestro amigo a seguir adelante y encontrar una familia. Durante una de las visitas al centro de recogida de animales, la cuidadora nos contó el relato de Plof, un perro mestizo que fue abandonado a su suerte.

Tras vagar varios días cerca de la explanada donde lo dejaron, un coche pasó por encima de él dejándolo muy mal herido. Estuvo tres días en la cuneta de una autopista, mientras que cientos de coches pasaban dándolo por muerto. Pero, por casualidades de la vida, una mujer decidió bajar del coche y comprobar si el animal seguía vivo, y así era. Tras sufrir el atropello, el perro quedó inmovilizado y con grandes dolores, de manera que no podía mostrar ninguna señal de que aún vivía. Y entonces, ¿por qué paró la chica? Pues según nos contaba la cuidadora, ella era una gran amante de los animales y vivo o muerto no podía permitir que ese ser vivo estuviera allí como si nada hubiera sucedido.

Cuando llegó al centro de recogida su situación era alarmante. Estaba en tan malas condiciones que, al no encontrarle chip identificador, decidieron bautizarlo como Plof. Nada más llegar la primera opción que se barajó y con la que la mayoría estaba de acuerdo era la de sacrificarle, pero la jefa de veterinarios decidió que no había que hacerlo. Tenía que salir adelante.

Le aplicaron numerosos tratamientos, independientemente del coste que supusieran. Lo primero fueron antibióticos para frenar las infecciones que había contraído. El absceso se curó y la pelvis comenzaba a mejorar, pero todos sabían que uno de los grandes problemas que tenía era la incontinencia, lo cual dificultaría que fuera adoptado. De este modo decidieron apostar todo por Plof y probar un tratamiento innovador basado en las células madre, muy costoso, y que no se había llevado a cabo casi en ningún lugar de España.

Gracias al trasplante de médula, después de 4 meses en cuarentena, el perro fue poco a poco socializando con otros animales. Su cuerpo, después de tanto tiempo inmóvil, estaba atrofiado pero a pesar del dolor, Plof siguió mejorando. Fue la historia en la que más dinero se invirtió y con la que más se implicaron cada uno de los cuidadores y veterinarios.

plof

Actualmente, Plof vive feliz con una familia en Alemania y no queda ninguna secuela de lo que vivió. Los refugios y albergues para animales abandonados dedican todos los recursos a sus “invitados”, independientemente de lo complicado que pueda ser. Gracias a una campaña impulsada por la asociación de animales se consiguieron los fondos necesarios para que esta historia haya acabado con un final feliz.

Si esta historia os ha llamado la atención, quedais invitados a visitar otras en su página web.

Por: Patricia González

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