¿Invitas a un café?

Desde el año 2012 España se incorporó a una nueva tradición importada del Nápoles del siglo XVII, donde un cliente pagaba su taza de café y abonaba una consumición adicional para un anónimo que llegara después de él y lo necesitar. Aquí llegó de la mano del local El Comercial, que tras 128 años de existencia cerró sus puertas hace un año.

En el número 7 de la Glorieta de Bilbao se encontraba el mítico bar que decidió empezar este proyecto solidario en la capital. Hace cuatro años anunciaron en su página de Facebook la propuesta de una nueva iniciativa que en poco tiempo se convirtió en tendencia y noticia en toda España. A partir de la publicación, colocaron encima de su barra dos pizarras donde apuntaban los productos que otros clientes habían dejado “pendientes” para totales desconocidos, no solo cafés, sino también comida, como bocadillos. ¿Y la respuesta del público? No hace falta nada más que ver las cifras, ya que en los dos primeros años repartieron casi 8.000 cafés solidarios.

boceto

La llegada de esta tradición no fue mera casualidad, ya que desde 2008 algunas cafeterías napolitanas decidieron recuperar esta costumbre gracias al impulso de la ONG Rete de Caffè Sospeso, que marcó el 10 de diciembre como el día del café pendiente. Esta “novedad” se movilizó de forma viral por las redes sociales y llegó a manos de Gonzalo Sapiña. Él es el responsable de que hoy en día la gente siga acordándose y siga participando en este gesto solidario. Se encargó de crear las páginas de Facebook y Twitter, además de la página web. En ella se puede acceder a un mapa donde geolocalizan e informan sobre los locales que son partícipes, además de las opiniones de los clientes que pagan ese café de más.

mapa

Una de las consecuencias directas de la globalización ha sido la apertura a otras culturas y tradiciones, lo cual, unido a las redes sociales y su capacidad de informar, han hecho posible la llegada de grandes propuestas como la del “café pendiente”. Porque hay que recordar que no solo los grandes gestos pueden ayudar a cambiar el mundo, sino que los pequeños pueden alegrar la vida a alguien que de verdad lo necesita. ¿Te animas?

Por: Patricia González

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